Es asombroso comprobar cómo algunas historias de amor se mantienen perennes, inmutables a través del tiempo. A veces, cuando ya se cree que esa atracción casi salvaje ha desaparecido, que explorando los recovecos donde pudiesemos encontrar trazas, huellas o vestigios, por insignificantes que fueran, de la otrora potente pasión, no encontramos nada. Ni siquiera el sedimentario poso de las experiencias vividas. Es curioso comprobar que esto suele suceder, sobre todo, con aquellos eventos que queremos ligar a un pasado de sufrimiento ya, afortunadamente, y para nuestro orgullo personal, superado y finiquitado.
Hasta que...el pasado vuelve con más virulencia que nunca para golpearte en plena cicatriz. Sí... en ésa que ya había desaparecido gracias al tratamiento, a modo de Rosa Mosqueta, que habias aplicado, sistemáticamente, científicamente, quirúrgicamente...
Esto fué lo que me pasó este fin de semana...en la 3VallesTrail...Revivió, con renovada virulencia, el viejo romance entre mis Vastos internos y mi Ingle. Como en sus mejores tiempos juntaron sus fuerzas para unirse (aunque para ser justos tengo que decir que la pobre entrepierna estaba tan tranquilita, y que fueron los Vastos internos los que, desafiando la gravedad, se lanzaron en pos de su amada) dejándome completamente paralizado a pocos kilómetros de la meta.
Pero...como en toda mala novela, faltaba un tercer protagonísta. La tercera pata de este desgraciado ménage á trois...mis gemelos...
Viendo la orgía que se había desatado de rodilla para arriba decidieron, sin ninguna clase de pudor, subir a ver qué pasaba...
Y lo que pasó fué que el dueño de la discoteca, osea un servidor, privado del control de sus cimientos, perdió, como diría un futbolero, la verticalidad y por ende la capacidad locomotora. (muchas gracias a todos aquell@s que se interesaron por mí deteniendo incluso su carrera, en un momento tan decisivo de la competición).
Total...10 minutitos entre revolcones espasmódicos, levantarse, cojear un poco y volver a trotar. A partir de aquí y hasta el final...trote...pausa...caminar...trote...
Ahora queda recoger los pedazos...empezar de nuevo...restañar heridas... levantar la cabeza, mirar al horizonte y decirte a ti mismo y en voz alta... ¡Gritando!: Yes, you Can!
¿Saben lo que les digo?...No me llamen...Salí a correr.
Juan.
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